5 consejos para trabajar la dislexia en casa.

La dislexia es un trastorno del aprendizaje que se manifiesta con una dificultad para leer y para comprender lo que se lee. Esto no está relacionado con problemas en la inteligencia, sino con la forma de procesar las letras y las palabras.

Cuando un niño tiene dislexia presenta dificultades para leer de forma fluida, para descodificar las letras que está viendo y para comprender palabras o frases, lo que le dificulta en muchos casos seguir el ritmo de la clase porque leen mucho más despacio que sus compañeros. La dislexia puede tratarse mejorando la habilidad para leer y la comprensión lectora del niño. Para conseguir este objetivo, el niño debe trabajar de forma constante, no solo en el aula sino en casa y debe recibir el apoyo de sus padres para realizar actividades que le permitan progresar y mantenerse motivado.

Ayudar al niño disléxico desde casa.

Como padres, podemos ayudar a tratar la dislexia siguiendo estos consejos:

1. Detectar cuál es la dificultad concreta del niño.

La dislexia no se manifiesta del mismo modo en todos los niños. No solo existen distintos tipos de dislexia, sino que la intensidad en la que se manifiesta varía en cada persona. Por eso es importante que, si se detectan indicios que puedan indicar que el niño padece este trastorno, se busque ayuda profesional cuanto antes para determinar si el niño padece dislexia, de qué tipo y en qué grado.

A partir del diagnóstico será más fácil comenzar a trabajar para que el niño mejore, gracias a una serie de actividades diseñadas específicamente para tratar las áreas en las que el niño muestra más dificultades, tanto en el aula como en casa.

2. Trabajar junto a él en actividades específicas para su dificultad.

Cuando se ha determinado cuál es la dificultad concreta del niño y en qué grado le afecta, se prepararán una serie de actividades sobre las que el niño deberá trabajar en el aula, pero también se deberá reforzar todo lo aprendido en clases desde casa.

Los padres deben sentarse con el niño y ayudarlo a realizar tareas de lectura y comprensión. Algunos ejemplos de actividades que se pueden realizar en casa son:

  • Lectura conjunta de libros que sean de interés para el niño: se debe insistir en que el niño se concentre en las palabras y en que se tome el tiempo que necesite para entender aquello que está leyendo. Si es un tema que interese al niño mucho mejor, pues será más fácil que disfrute.de la lectura.
  • Lectura en voz alta para que el niño detecte errores: se puede elegir una lista de palabras cuya dificultad variará en función del nivel del niño. Se le pide al niño que lea las palabras y luego se las leemos en voz alta avisándole que debe detectar cuáles son las palabras que no decimos correctamente. De esta forma lo ayudamos a concentrarse en la correspondencia entre sonidos y letras.
  • Lectura de sílabas complejas: otro ejercicio bueno para mejorar la destreza lectora es la lectura de sílabas complejas, de tres o cuatro letras. El niño deberá leer en silencio una lista de sílabas y luego hacerlo en voz alta. Podemos resaltar aquellas sílabas que ha leído bien para que, a medida que mejore, pueda ver sus avances y se mantenga motivado. A medida que avance las sílabas se pueden sustituir por palabras y frases.

3. Utilizar el juego como herramienta de trabajo.

Una de las mejores formas de trabajar con los niños es a través del juego. En el caso de la dislexia, utilizar juegos con letras y palabras es una forma divertida de que el niño realice actividades de refuerzo sin que lo perciba como tareas extra.

El juego es además una forma de reforzar el vínculo con los hijos. Algunos de los juegos que se pueden realizar junto a él son las sopas de letras, juegos de formar palabras como el Scrabble o el Boggle, o también se puede jugar al ahorcado, empezando con palabras sencillas y aumentando la dificultad a medida que el niño hace avances.

4. No presionar en exceso al niño.

Aunque el trabajo constante es necesario para mejorar la habilidad con la lectura, es importante no presionar de más al niño. Para él ya es difícil el esfuerzo constante que tiene que realizar en todas sus tareas de lectura, por lo que se le debe apoyar, pero también se debe dejar espacio al niño para que si se siente cansado, pueda tomar un descanso.

5. Mantener la motivación.

En muchos casos los niños con dislexia se sienten como menos capaces que sus compañeros de clases a causa de su dificultad con la lectura. Sin embargo es muy importante recalcar que estas dificultades no están asociadas a la inteligencia y que el niño es igual de capaz que los demás niños.

Los padres deben esforzarse por mantener la motivación del niño y por evitar que se sienta mal al encontrarse con las dificultades propias de la dislexia. Se deben encontrar actividades en las que los niños destaquen, como los deportes o alguna actividad artística, en la que el niño pueda expresarse cómodamente y con la que se sienta a gusto.

Ver un progreso favorable en estas actividades puede ayudar al niño a sentirse motivado. De este modo será más fácil que se esfuerce más con la lectura y la comprensión lectora, porque verá que el trabajo constante le trae recompensas.

Para trabajar la dislexia en casa lo más importante es ser pacientes, seguir las recomendaciones del pedagogo que nos asesore e involucrarse en las actividades que realiza el niño. El apoyo de los padres es clave para conseguir que la dislexia no sea un problema a largo plazo para los hijos.

Artículo escrito por María José Madarnás, editora de Maternidad Fácil.Fuente: http://faros.hsjdbcn.org/

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Cómo actuar frente niños que pegan y muerden.

Muchos niños responden a la frustración a través de puñetazos, mordeduras, arañazos y otras formas de agresividad. Este comportamiento se considera normal en la primera infancia pero los padres deben evitar que esta conducta sea habitual.

Muchos padres se preguntan alarmados si es normal que sus hijos pequeños peguen o muerdan a otros niños o incluso a sus padres u otros adultos. Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta algunos factores como la edad del niño y el contexto en el que ocurre ese comportamiento.

Es completamente normal que aparezca alguna forma de agresividad entre los 2 y los 4 años ya que en esta edad el niño tiene muy poca tolerancia a la frustración y se enfada cuando las cosas no ocurren como desearía. Como en esta edad los niños no dominan aún el lenguaje, manifiestan su frustración pasando a la acción, ya sea llorando, gritando, con rabietas, pegando, mordiendo, etc.

Los especialistas sostienen que no es raro este tipo de agresividad en los niños pequeños ya que es en esta etapa cuando empiezan a interactuar socialmente y de forma lógica surgen los primeros conflictos. Situaciones en las que dos niños quieren el mismo juguete, o el lápiz no pinta o se le derrumbó el castillo de arena son situaciones en las que el niño puede frustrarse y responder con agresividad.

Responder con una conducta agresiva de este tipo ante una frustración es un comportamiento habitual en los niños de esta edad, por ello los padres no deben alarmarse si sus hijos pegan o muerden en alguna ocasión a algún compañero de clase o a algún adulto.

No obstante, si esta actitud se repite con frecuencia, es preciso intervenir para reducir y evitar la agresividad y violencia. Cabe destacar que la prevención de conductas agresivas es muy importante y la mejor edad para impedirlo es en la edad preescolar, de hecho representa la mejor oportunidad para impedir el desarrollo de casos de agresión física crónica, según señalan los expertos.

Factores de influencia para una mayor agresividad

Si bien cada niño es un mundo, existen algunas situaciones que pueden predisponer a que el niño desarrolle un patrón de conducta más agresivo:
  • Variables personales: niños con poco autocontrol, que muestran poco respeto a los demás y son emocionalmente inestables tienden a mostrar mayor agresividad entre sus iguales y adultos.
  • Variables familiares: niños expuestos a situaciones complejos en el ámbito doméstico como el divorcio o separación de sus padres, u hogares con un ambiente negativo o el uso de métodos educativos no adecuados predisponen a que el niño sea más agresivo.
  • Variables ambientales: los medios de comunicación y el entorno en el que se desarrolla y crece el niño también influencian en su comportamiento y modo de afrontar las situaciones frustrantes.

Consejos sobre cómo actuar

No hay que alarmarse, pues como ya se ha comentado éste es un comportamiento que forma parte del proceso normal de crecimiento y socialización del niño. No obstante, es importante recordar la destacada influencia que tienen los padres en el desarrollo de una posible conducta o agresiva de su hijo. Por ello es muy importante predicar con el ejemplo y prestar especial atención a no reaccionar con agresividad ante situaciones frustrantes.

A continuación se listan una serie de consejos para evitar la conducta agresiva en los niños:
  • No ser indiferente a sus ataques.
  • Ayudar al niño a exponer lo que le pasa con palabras.
  • Normalizar el cómo se siente.
  • Enseñarle que se puede reaccionar diferente cuando algo sale mal.
  • No enfadarse o gritar.
  • No responder a sus exigencias.
  • Enseñarle a ser paciente.
La mayoría de niños, después de los 4 años, desarrollan el lenguaje y ganan habilidades en comunicación, de manera que van sustituyendo la conducta agresiva por una conducta más reflexiva y comunicativa.
Si la agresividad del niño no coincide con las edades esperables para éste comportamiento ni con los contextos esperables (situaciones de cambio como la muerte de un ser querido, mudanza, etc.) es conveniente consultar a un profesional que nos pueda aclarar la situación y orientar para resolverla.